25 de mayo de 2012

Día 5º: Don de Piedad


Necesitamos el Don de Piedad para que podamos entregarnos a Dios con prontitud, por entero y con alegría: “para que enteros os reciba el que todo entero se os entrega", decía Francisco”. Gracias a este Don cada día podemos ser más auténticos, haciendo que lo que sentimos y experimentamos de Dios en nuestro interior se refleje en nuestros comportamientos religiosos externos; para que el adjetivo “piadoso” no pase a significar algo así como “beato” y, mucho menos, “hipócrita”. El Don de Piedad hace crecer en nosotros la estima y el deseo por la santidad, a la que Dios nos llama, sin caer en la tentación de abajar cada vez más el listón. Este Don del Espíritu Santo hace posible que nuestra vida cristiana no sea puro formalismo, sino confianza, entrega, adoración y servicio humilde.

Quiero sumarme al canto de los ángeles, 
al homenaje que hacen los santos a quien es el Señor de todo lo creado. 
Quiero rendir mi mente y mi corazón 
y que todo mi cuerpo se postre en adoración amorosa, 
sin complejos ni resentimiento, sin merma de identidad personal. 
Por el contrario, alcanzando la vocación más alta, 
y la mayor dignidad, al poder presentarme ante mi Creador 
en la humilde y agradecida actitud religiosa del reconocimiento. 
Espíritu Santo, sé que mi orgullo y personalismo, a veces, 
se resisten a prestar el obsequio más pertinente a quien es el Autor de todo. 
Él me ha concedido la existencia, y vivo gracias a su amor y misericordia. 
Dame el Don de Piedad; para que siempre brote de mis adentros 
la adoración sobrecogida, de la que renazco. 
Hemos sido testigos del momento cumbre de la JMJ en Madrid, 
cuando la multitud quedó en silencio ante la presencia de la Eucaristía. 
Ven, Espíritu Santo, derrama sobre mi corazón el Don de Piedad, 
que sepa adorarte en el Sacramento y servirte en los hermanos más necesitados, sacramentos también de tu presencia (D. Ángel Moreno).

24 de mayo de 2012

Dedicación de la Basílica de san Francisco, en Asís


El 16 de julio de 1228, Gregorio IX canonizaba a san Francisco en su ciudad natal, Asís, ante una gran multitud. Al día siguiente el Papa se trasladaba hasta la colina elegida en la zona oeste de la ciudad, para colocar allí la primera piedra de la que habría de convertirse en una “iglesia especial”, como él mismo la denominará en la Bula de construcción (Recolentes, abril de 1228). Y efectivamente: con el traslado del cuerpo de san Francisco de su ubicación provisional (iglesia de san Jorge) a la nueva basílica (1230) y la apertura de la misma al culto, se convirtió en un lugar de gracia y bendición, es decir, en un “lugar especial”. ¡Quien haya tenido la oportunidad de visitarla sabrá que es así! La fiesta de este día recuerda la solemne dedicación o consagración llevada a cabo por el Papa Inocencio IV el 24 de mayo de 1253. 

La doble Basílica franciscana es considerada una iglesia única por su arquitectura y una de las más bellamente decoradas de todo el occidente cristiano. El tesoro artístico que custodia es fruto no sólo del ingenio de los grandes maestros de la pintura de los siglos XIII y XIV (Cimabue, Giotto, Simone Martini…), sino también de la sabiduría cristiana (y franciscana, podríamos decir) de hermanos de la talla de fray Elías de Cortona, San Buenaventura, fray Mateo de Acquasparta, fray Jerónimo de Ascoli (futuro Nicolás IV), etc., que inspiraron la realización de muchos de los ciclos pictóricos. Juntos, artistas y pensadores-inspiradores, elaboraron un proyecto bien definido que tenía como único objetivo suscitar la fe y la verdadera devoción en los fieles y peregrinos, proponiéndoles un “recorrido visual”, ¡una verdadera y profunda catequesis!, a través de los grandes momentos de la Historia de la Salvación (sobre todo en la parte alta de la Basílica superior, con el ciclo del Antiguo y del Nuevo Testamento) y por algunos de los principales episodios de la vida del “fiel seguidor de Cristo”, Francisco. 

Pero la Basílica de san Francisco no es sólo una “bella reliquia” del pasado, sino que sigue siendo un lugar vivo y dinámico, un verdadero “pulmón espiritual” para toda la Iglesia, lugar privilegiado de encuentro con el altísimo y buen Señor, “Belleza siempre nueva”
Muchos llegan hasta este lugar de belleza singular, desde cualquier rincón del mundo, atraídos por los magníficos frescos con que los grandes maestros la embellecieron para hacer de ella “una imagen de la Jerusalén del cielo”. A otros, ¡la mayoría!, les mueve el deseo sincero de conocer a aquel “hombre de nombre Francisco”, en palabras de su primer biógrafo Tomás de Celano, que hacia 1205 abandonó la seguridad de un futuro prometedor junto a su padre, el rico mercader Pedro Bernardone, o como caballero, para abrazar una vida nueva, la vida del Evangelio “sin rebajas”, y anunciar por los caminos, las plazas, las iglesias… la paz, la verdadera alegría, la fraternidad y la conversión sincera del corazón a Cristo. 

De esta hermosa aventura hace ya más de 800 años y, aun así, sigue siendo sorprendentemente actual. Muchos de los que llegan a Asís queriendo saber algo más acerca de un personaje histórico, casi de fábula, quizás excesivamente mitificado y convertido en un héroe de la Edad Media, se marchan con “un regalo inesperado”. Muchos de los que hemos tenido la suerte de pasar un tiempo de servicio en aquel lugar lo sabemos por propia experiencia. La basílica que custodia la tumba del Poverello de Cristo sigue siendo un polo de atracción espiritual impresionante, un lugar de gracia en el que tantos (re)-descubren aquello que es esencial en la vida, lo que realmente importa, dejando lo accesorio y superfluo. En pocas palabras: ¡la belleza y la frescura de la fe! 

San Francisco sigue llevando adelante la misión de atraer hacia Dios también a los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Y los Franciscanos Conventuales, desde hace ocho siglos, somos custodios de este “lugar de gracia” llamado, ¡no por casualidad!, “la Colina del Paraíso”; testigos e instrumentos de lo que Dios, a través de su siervo Francisco, sigue realizando en el corazón de tantos hombres. 

Crucero de la Basílica inferior
Tumba de san Francisco. En las esquinas están enterrados
cuatro de sus compañeros: León, Rufino, Ángel y Maseo.
Nave central de la Basílica superior

22 de mayo de 2012

Día 2º: Don de Consejo

Es de prudentes saber escoger el camino que conduce al bien, y sigue las huellas de los santos. Es de sabios no realizar nada por cuenta propia, sino después de discernir lo que es bueno y mejor. La madurez personal se atestigua cuando se obra por razones superiores al impacto inmediato, siguiendo el consejo de los que están cargados de experiencia y han sido probados en la virtud. El testigo no habla por propia cuenta, sino por lo que ha visto y oído. Quien de verdad desea realizar las cosas según Dios, no se fía de sí mismo, y prefiere avanzar por el camino de los mandatos del Señor. Jesús atestigua la verdad de sus palabras y de su persona porque no habla por propia cuenta, sino de lo que le ha oído a su Padre, de aquello que ha visto en el seno entrañable de Dios. Ven, Espíritu Santo, y concédenos el Don de Consejo para que realicemos aquello que Dios nos tiene encomendado, y aquello que desea que hagamos a través de la mediación de nuestra pobre colaboración. Que no nos ofusquemos en nuestros pensamientos pretenciosos, que intentan legitimar nuestra debilidad, y justificar nuestro subjetivismo, sino que sepamos seguir en todo la voluntad más amorosa y positiva, la voluntad de Dios. Que antes de actuar busquemos el aval que se oye en lo hondo con la paz que procede de ti, y no nos movamos por reacción primaria, instintiva, sino por decisión sapiencial, orada, desde la escucha de tu moción interior. Espíritu Santo, sé tú nuestro Consejero, no sólo susurro, sino fuerte voz en nuestras almas (D. Ángel Moreno). 

Esritu Santo, danos el Don de Consejo,
para distinguir entre valores y valores.
Con frecuencia, en nuestra sociedad, todo anda confuso y mezclado.
Necesitamos distinguir entre lo absoluto y lo relativo,
entre lo que vale la pena y lo que no,
entre lo perenne y lo caduco,
entre lo urgente y lo aplazable.

Capítulo de los Franciscanos Conventuales de España


Del 14 al 19 de mayo, 30 hermanos Franciscanos Conventuales de España (en representación de toda la Provincia, que comprende también la custodia de Colombia) hemos celebrado el XIX Capítulo provincial en Madrid, presidido por el Ministro general de la Orden. Para los franciscanos, la celebración de un Capítulo es siempre un tiempo de llegada y también de arranque para marchar de nuevo. San Francisco y sus hermanos celebraban varios Capítulos al año para tratar de las cosas que pertenecen a Dios y de la vida de los hermanos. Lo mismo hacían los frailes que poco a poco fueron conformando las provincias que iban naciendo por todo el mundo conocido hasta entonces. Hoy en día, el Capítulo provincial, que se celebra cada cuatro años, es la autoridad suprema para una provincia. Los hermanos capitulares eligen al Ministro provincial (aunque también esta elección puede hacerse unos meses antes del Capítulo por carta), al Vicario y a los asistentes; elaboran las orientaciones espirituales, pastorales y fraternas, y las normas que buscan concretar, a nivel provincial, el camino de toda la Orden. Durante el Capítulo son elegidos también los guardianes de las fraternidades. 

A lo largo de estos cinco días de encuentro fraterno, hemos podido revisar nuestra vida, a la luz del Evangelio y de nuestra Regla, y nuestra misión en un clima de oración, discernimiento y diálogo fraterno. Uno de los hilos conductores ha sido, sin duda alguna, la “crisis global” que estamos viviendo y que nos interpela como consagrados y como hermanos e hijos de san Francisco. Desde muchos frentes se nos dice que estamos ante un verdadero “cambio de época”. También en la Iglesia, como nos recuerda el Papa con insistencia, se están abriendo tiempos nuevos de una verdadera renovación en la fe y de una audaz “misión a la intemperie” o nueva evangelización, sobre todo en occidente. Como nos recordó el reelegido Ministro provincial, el navarro fray Joaquín Agesta, “los años venideros serán años de riesgo y de apuestas fuertes; esto nos puede producir vértigo, pero hemos de confiar dando lo mejor de nosotros mismos; nos sostiene la esperanza de la presencia del Señor que llena todo de vida y de sentido”

Cada Capítulo es una ocasión preciosa para renovar la respuesta vocacional de cada hermano, ¡el gozo de nuestra forma de vida franciscana!, nuestra obediencia y disponibilidad al Señor y a la Iglesia que nos envían para que por medio de nuestro humilde testimonio el Evangelio y la vida cristiana florecezcan con fuerza en el corazón de tantos hombres y mujeres. 

La primera parte del Capítulo concluyó poniendo en manos de la Virgen María, Señora de los Ángeles, el camino de los próximos cuatros años de la Provincia de España: que Ella sostenga nuestro “sí”, nos confirme en la vida pobre y humilde del Evangelio y extienda nuestros corazones al mayor bien de la Iglesia. La segunda parte del Capítulo tendrá lugar del 2 al 7 de julio.

Trabajo en la Sala Capitular

Juramento del Ministro provincial ante el Ministro general

Abrazo y obediencia de los frailes al Ministro provincial

Vísperas presididas por el Ministro general